LA INTRUSA
Una sombra epidémica y aguda, de forma clandestina entró en mi casa, no se por donde ni a través de quien, pero se coló. Orgullosa danzaba por el pasillo, intentando el asalto a las habitaciones, mientras dormíamos.
Todos sentíamos su presencia, con episodios inquietantes -Ahora tiritando de frio -después sudando y con calor-.
Se fue disfrazando de diferentes formas, para distraer nuestra atención, pero en un momento determinado se hizo patente, invadiendo bruscamente nuestras vías respiratorias, con intención de asfixiarnos.
Portando un garrote invisible, y como el que no quiere la cosa, nos fue tumbando uno a uno sin piedad.
La primera victima que cayó en sus redes, fue mi marido, ella... muy sabia le atacó a la parte más débil, porque sabe donde atacar. Le apretó los bronquios con tal fuerza que apenas podía respirar. No contenta con eso, le atacó a los músculos, para inmovilizarlo aun más.
Después de 10 días de lucha, defendiéndose como pudo, hubo que recurrir a la guerra química, pero no sirvió de mucho, -está inmunizada-. Cada año viene con renovadas fuerzas y preparada, para qué, el ataque con agentes químicos, no la pille desprevenida.
La segunda perjudicada fui yo, que me agarró por la garganta, me produjo tal picor que me pasaba el día tosiendo. Me dejó extenuada, con agotamiento físico, los músculos hechos trizas y unas agujetas terribles. Por si fuera poco el dolor de cabeza me ha dejado el cerebro hecho un higo, no puedo, pensar, ni leer, ni escribir.
La última en caer fue mi hija, para la que no tuvo piedad, no la dejó ni terminar el último examen de Febrero. Con ella se cebo por completo, tos, estornudos, dolor de cabeza, fiebres altísimas y extenuación total.
Esta maldita gripe sigue resistiéndose en abandonar la casa, y las secuelas siguen ahí, dando la lata. Me afectado a todos los sentidos, he perdido el gusto, el olfato, a veces se me borra hasta la vista, y me cuesta concentrarme.
Espero que el fin de semana me traiga energías renovadas, y consiga echar este maldito virus, aunque sea a patadas.
Todos sentíamos su presencia, con episodios inquietantes -Ahora tiritando de frio -después sudando y con calor-.
Se fue disfrazando de diferentes formas, para distraer nuestra atención, pero en un momento determinado se hizo patente, invadiendo bruscamente nuestras vías respiratorias, con intención de asfixiarnos.
Portando un garrote invisible, y como el que no quiere la cosa, nos fue tumbando uno a uno sin piedad.
La primera victima que cayó en sus redes, fue mi marido, ella... muy sabia le atacó a la parte más débil, porque sabe donde atacar. Le apretó los bronquios con tal fuerza que apenas podía respirar. No contenta con eso, le atacó a los músculos, para inmovilizarlo aun más.
Después de 10 días de lucha, defendiéndose como pudo, hubo que recurrir a la guerra química, pero no sirvió de mucho, -está inmunizada-. Cada año viene con renovadas fuerzas y preparada, para qué, el ataque con agentes químicos, no la pille desprevenida.
La segunda perjudicada fui yo, que me agarró por la garganta, me produjo tal picor que me pasaba el día tosiendo. Me dejó extenuada, con agotamiento físico, los músculos hechos trizas y unas agujetas terribles. Por si fuera poco el dolor de cabeza me ha dejado el cerebro hecho un higo, no puedo, pensar, ni leer, ni escribir.
La última en caer fue mi hija, para la que no tuvo piedad, no la dejó ni terminar el último examen de Febrero. Con ella se cebo por completo, tos, estornudos, dolor de cabeza, fiebres altísimas y extenuación total.
Esta maldita gripe sigue resistiéndose en abandonar la casa, y las secuelas siguen ahí, dando la lata. Me afectado a todos los sentidos, he perdido el gusto, el olfato, a veces se me borra hasta la vista, y me cuesta concentrarme.
Espero que el fin de semana me traiga energías renovadas, y consiga echar este maldito virus, aunque sea a patadas.
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