La Rosa de Besullo

viernes, marzo 11, 2005

VENTANA SOLIDARIA

Desde esta pequeña ventana quiero hoy mostrar mi solidaridad, afecto y cariño a todas las victimas del terrorismo, a todos los que de una manera u otra han perdido a sus seres queridos, y a todos los que vivirán siempre con secuelas físicas, y heridas en su alma y en su corazón.

Hace un año de la última matanza, las bombas asesinas de los terroristas, hicieron que Madrid se convirtiera en una ciudad herida de muerte, llena de dolor, rabia y sentimientos de solidaridad.

Detrás de cada una de las miles de familias afectadas, hay un drama que no podrán olvidar. Pero si les sirve de consuelo, desde aquí desde estos blogs, que llegan a todo el mundo, estoy segura que encontraran muestras de solidaridad apoyo y cariño.

Este pequeño grano de arena, en homenaje a todos los muertos que nunca serán olvidados, y para que todas esas muertes inútiles, todo ese dolor jamás vuelva a suceder.

Lo escribí con rabia y dolor hace un año.

Madrid Herida de Muerte

¡Explosiones, fuego, oscuridad,
sacudida brutal!
Cuerpos caídos, heridos,
sombras errantes, vagan sin sentido.

Ojos abiertos, que miran y no ven,
lagrimas heladas, que no brotan,
oídos sordos, reventados,
manos que no palpan, piernas que no andan.

Bocas abiertas, ya no hablan
mudas de dolor, se ahogan.
Caos, terror, impotencia.
Muertos los sentidos, dolor en el alma.

Hijos sin padres, padres sin hijos,
esposas, esposos, amores, amantes.
Besos y caricias, todo destruido.
Juventud truncada, ilusiones muertas.

Trabajadores, estudiantes, inmigrantes
gente de todo tipo, yacen por los rincones,
esperando el auxilio, de manos milagrosas,
que alivien su suplicio.

Sanitarios, bomberos, policías.
Voluntarios anónimos, todos unidos.
Luchan sin descanso, no se dan por vencidos
Ambulancias, taxis , coches particulares
Trasladan los heridos.

Familiares desesperados, recorren hospitales,
Buscando a sus seres queridos.
Los teléfonos móviles suenan, suenan...
No pierden la esperanza, de oir la voz conocida.

La muerte está presente, en andenes y vías.
Entre restos de hierros retorcidos.
La ciudad enmudece, y contiene su ira
Llorando a sus muertos, sollozan y gritan.

¡Asesinos, asesinos!





Gracias a:
Anja Stern

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